En la primera y última noche de ese encuentro ambos fueron a un lugar a dejar que fluyera el ritmo al compás de la música. Rafael observaba cada uno de los movimientos de Roxana, lo estaban llevando a la locura, lo estaban haciendo “olvidar”. Roxana se dejaba llevar por el sonido de las canciones y coordinaba perfectamente cada espacio de su delgado cuerpo. La luz reflejaba su mirada, y la su baile era el centro de atención de toda la fiesta, pero más aún de Rafael, a quien se le cruzó la idea de amarla por siempre. Ella, imparable en la pista de baile, cautivó a más de uno, y de pronto un hombre se le acerca, la toma de la muñeca y le pregunta:
-¿Bailamos preciosa?
-No, ahora suélteme.
Ni un superhéroe habría podido actuar mejor que Rafael, se acercó al tipo y de un empujón lo tiro al piso.
-Déjala imbécil.
El hombre, tambaleándose por el golpazo propinado por el héroe nocturno, de forma amenazante huyó de la escena. Roxana rió de su acto de valentía.
-Tampoco era para tanto Rafa, yo podía sola, o qué ¿Te dieron celos?
Rafael tras, haber fracasado como héroe, asoma en su mirada un notorio fastidio por el comentario de Roxana.
-Bueno para la otra te defiendes sola entonces.
Roxana comprendía su fastidio, lo tomó de la cintura, le besó el cuello y al oído cariñosamente le susurro: “vamos afuera por favor”. Rafael accedió a su pedido, ya la molestia había pasado, pero mucha intriga habitaba en él. Caminando hacia la playa, que de noche es tan solitaria, ella agarra su mano y posa su cabeza en su hombro. La duda en él lo estaba comiendo.
-Sí, sí quiero hacerlo. Pero no por eso deberíamos tener una relación, sabes que eso no es para mí.
Y otra vez ella adivinaba su pensamiento. Quería pasar esa noche con ella, haciendo lo que jamás hizo, amar con el cuerpo. Pero temía el rechazo de Roxana, y más aún tener que soportar tenerla solo una noche y luego desconocerla. Si bien esa idea no le agradaba le atraía enormemente el hecho de tener su “primera vez”.
-No quiero faltarte el respeto, sé que no eres de esas mujeres que…
-Ay ya cállate que tus palabrerías sí me ofenden.
Rafael se sintió en más confianza para poder volcar su pasión y sucumbir al placer. Se besaron, lentamente. Luego dejaron caer sus cuerpos a la arena y el mar, únicos testigos de esa plena entrega. El se sentía verdaderamente tímido he inexperto. Roxana, quien se envalentonó y le pidió hacerlo, estaba totalmente perdida sin saber qué hacer. Al notarlo, algo en Rafael le indicaba que hacer, el deseo, el placer, no lo sabía. Se acercó al oído de ella y le dijo: si esto te satisface ¿por qué cohibirse? Roxana sonrió y asintió. No hacía falta experiencia, solamente dejarse llevar.
Rafael abre los ojos, estaba acostado en la cama de la habitación en la que se hospedó en su estancia en el “paraíso”. De pronto a su mente llegó la imagen de Roxana caminando con él hacia el cuarto, ambos descansaron en el cuarto, pero solo uno despertó ahí. Además de forma somnolienta recordó las palabras de Roxana: “gracias amor, esto jamás de me olvidará, lo guardaré en mi desde hoy. Y cuando quiera recordarte y sentirte me sumergiré en el mar”. ¿Cuándo quiera recordarte? ¿Se trataba de un discurso de despedida? Rafael corrió hacia la habitación de Roxana por más intentos que hizo nadie abrió a su puerta: “Hace media hora se fue la señorita de ese cuarto”, amablemente le comentó el botones quien traía a una nueva pareja al hotel.
Raudo corrió hacia el terminal en donde estaba seguro la hallaría. Y fue así. Desde una de las ventana del ómnibus reposaba el rostro de Roxana, lágrimas caían de sus ojos, quienes miraban al vació. Vacío que en un instante fue llenado por él. Vio a Rafael. El le hacia señas para que bajase del auto, ella pese a sus lágrimas sonreía muy feliz porque al menos lo pudo ver por ultima vez. “TE AMO” gritaba desesperado Rafael. Roxana con sus manos le decía adiós.
-¿Bailamos preciosa?
-No, ahora suélteme.
Ni un superhéroe habría podido actuar mejor que Rafael, se acercó al tipo y de un empujón lo tiro al piso.
-Déjala imbécil.
El hombre, tambaleándose por el golpazo propinado por el héroe nocturno, de forma amenazante huyó de la escena. Roxana rió de su acto de valentía.
-Tampoco era para tanto Rafa, yo podía sola, o qué ¿Te dieron celos?
Rafael tras, haber fracasado como héroe, asoma en su mirada un notorio fastidio por el comentario de Roxana.
-Bueno para la otra te defiendes sola entonces.
Roxana comprendía su fastidio, lo tomó de la cintura, le besó el cuello y al oído cariñosamente le susurro: “vamos afuera por favor”. Rafael accedió a su pedido, ya la molestia había pasado, pero mucha intriga habitaba en él. Caminando hacia la playa, que de noche es tan solitaria, ella agarra su mano y posa su cabeza en su hombro. La duda en él lo estaba comiendo.
-Sí, sí quiero hacerlo. Pero no por eso deberíamos tener una relación, sabes que eso no es para mí.
Y otra vez ella adivinaba su pensamiento. Quería pasar esa noche con ella, haciendo lo que jamás hizo, amar con el cuerpo. Pero temía el rechazo de Roxana, y más aún tener que soportar tenerla solo una noche y luego desconocerla. Si bien esa idea no le agradaba le atraía enormemente el hecho de tener su “primera vez”.
-No quiero faltarte el respeto, sé que no eres de esas mujeres que…
-Ay ya cállate que tus palabrerías sí me ofenden.
Rafael se sintió en más confianza para poder volcar su pasión y sucumbir al placer. Se besaron, lentamente. Luego dejaron caer sus cuerpos a la arena y el mar, únicos testigos de esa plena entrega. El se sentía verdaderamente tímido he inexperto. Roxana, quien se envalentonó y le pidió hacerlo, estaba totalmente perdida sin saber qué hacer. Al notarlo, algo en Rafael le indicaba que hacer, el deseo, el placer, no lo sabía. Se acercó al oído de ella y le dijo: si esto te satisface ¿por qué cohibirse? Roxana sonrió y asintió. No hacía falta experiencia, solamente dejarse llevar.
Rafael abre los ojos, estaba acostado en la cama de la habitación en la que se hospedó en su estancia en el “paraíso”. De pronto a su mente llegó la imagen de Roxana caminando con él hacia el cuarto, ambos descansaron en el cuarto, pero solo uno despertó ahí. Además de forma somnolienta recordó las palabras de Roxana: “gracias amor, esto jamás de me olvidará, lo guardaré en mi desde hoy. Y cuando quiera recordarte y sentirte me sumergiré en el mar”. ¿Cuándo quiera recordarte? ¿Se trataba de un discurso de despedida? Rafael corrió hacia la habitación de Roxana por más intentos que hizo nadie abrió a su puerta: “Hace media hora se fue la señorita de ese cuarto”, amablemente le comentó el botones quien traía a una nueva pareja al hotel.
Raudo corrió hacia el terminal en donde estaba seguro la hallaría. Y fue así. Desde una de las ventana del ómnibus reposaba el rostro de Roxana, lágrimas caían de sus ojos, quienes miraban al vació. Vacío que en un instante fue llenado por él. Vio a Rafael. El le hacia señas para que bajase del auto, ella pese a sus lágrimas sonreía muy feliz porque al menos lo pudo ver por ultima vez. “TE AMO” gritaba desesperado Rafael. Roxana con sus manos le decía adiós.
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