Tomó mi mano, casi me vuelvo loca. Creo que nunca lo había hecho, hasta hoy. Y ese beso: ¡Dios!
La disco, en su mágica oscuridad y repleta de bulla, estaba dispuesta a ser partícipe de la noche intensa que nos tocó vivir. Yo tenía el corazón roto, destrozado y sin arreglo. El, simplemente era él, un hombre intenso pero simplista, humilde pero altivo, inteligente pero despistado. No advertía que las copas demás que bebí le abrirían paso a su hazaña: "tremenda hazaña". Por un segundo caí en lo deplorable que era mi situación, una tonta joven con un futuro por delante que arrastraba decepciones amorosas de su pasado. La sonrisa de mi rostro se borró y me aparté. Esos momentos típicos de película en los que el actor camina cabizbajo y meditabundo mientras que el resto se divierte y pese a la algarabía y frenesí imparable que nutre a los jóvenes apenas y siente ruido.Así me sentí. Caminé hacia la barra a perdir un trago, de esos a lo que soy adicta.
Bartender: Preciosa ¿Qué te sirvo?
Por un momento una ilusión quería alforar de mi cuerpo, pero ese cuento ya me lo sabía.
Yo: Un vodka.
Mi bebida favorita y compañía perfecta. Fue cuando mirando a la nada sentí un manotazo tirar de mi pequeña muñeca. Enfadada lo miré con un desprecio que desaparecía cuando su mirada en la mía se clavaba como puñal que luego aparece al darte cuenta de no era sino un "sueño".
Yo: ¿Qué?
El: ¿Qué haces sola?
Yo: Nose (voltié la mirada). Descansando un toque, ya regreso al grupo.
El: ¿Estas mareada?
Yo: Solo un poco, ya se me pasará. Sabes como me gusta tomar y ...
Siento de pronto que una de sus manos acaricia mi cintura. Realmente no podía creerlo. Me sentía desvanecer más y más hasta que...
Yo: ¿Porqué haces esto? Sabes que me daña.
Creo que disfrutaba de su juego, se esbozó en su rostro la sonrisa más perfecta que sentía era dedicada para mí. Y al callarme con sus dedos bruzcamente me llevó al encuentro sublime de su cuerpo y caímos en el beso más placentero y egoísta del mundo. Fueron varios minutos, sentía cada segundo que pasaba, bueno no, solo sentía que por un momento era mío y de nadie más. Pero me entró de pronto una culpa y angustia y lo aparte de mi.
Yo: ¿Ya, feliz? Ahora lárgate y déjame que ya tuviste lo que querías.
El: Perdón.
Y esa silueta, que sabía de memoria, se desdibujaba ante mis ojos. Pensando que era lo mejor lloré, lloré hasta que mi perfecto maquillaje se arruinara por completo. Salí de la disco, tomé un taxi y el timbre tan ridículo pero divertido de mensaje en mi celular sonó. "Pequeña no quiero herirte, seamos amigos ¿si?" ¿Era justo acaso pedirme eso? Limpiar sus estúpidas y sucias culpas con un "lo siento, seamos amigos", no, no era justo. Debió callarse y creer que en mí se marchitaría esa idea de seguir amándolo. Pero su estupidez pudo más, y morí con ello.
No, no es la historia de un amor pero si de un desamor: LA HISTORIA DE UN AMOR
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