martes, 27 de diciembre de 2011

LA PLAYA (primera parte)

LA PLAYA

Era el lugar ideal para reinventarse y dejar atrás su mala racha amorosa. Eran las 10 de la mañana, del día uno de enero “que perfecta ocasión para empezar de cero”, pensaba él viendo la fórmula para sanar sus heridas. Rafael caminaba por la orilla, viendo cómo se dibujaban las huellas de sus pies en la arena húmeda, pensaba que de esa forma aquella mujer había marcado su corazón. El horizonte era visualizado por sus bellos ojos, quienes buscaban un por qué  al conflicto afectivo en el que se veía envuelto. Estas cosas no solían pasarle a él ¿enamorarse? Cosa de locos, lo creyó en algún momento Rafael, quien ahora pregona su locura a quien en su camino ande.
-A veces preferiría morirme.
-Pues que malagradecido eres con la vida.
Una joven con un vestido blanco se puso a su costado, como una especie de sombra, que en ese momento actuó como la voz de una seudoconciencia inexistente en el amor.
-¿Roxana? ¿Qué haces aquí?
- Vivir y ser feliz, todo eso a lo que tú te niegas.
Rafael sonrió y una ola mojó sus pies. Y las palabras de Roxana empaparon su ser.
-Mira que venir a encontrarte hasta por acá es…, quería alejarme de todos y tú.
-Aparezco de la nada. Lo sé. No te creas el importante, lo he hecho con muchos.
-Jajaja por un momento me sentí especial al creer que un ser divino te habría enviado hacia mí con un objetivo.
-No lo sé, déjame descubrir mi misión el resto del día. ¿Te parece?
-Bien.
La conversación se extendió hasta la 1 de la tarde. Esas tres horas fueron suficientes para “conocerse a la perfección” y seguir sus instintos.
-No se si este bien o mal pero tengo tantas ganas de besarte.
-Y si lo correcto no te satisface ¿Por qué cohibirse?
Los nervios de Rafael eran evidentes, pero Roxana decidió enseñarle como dar amor y él estaba más que presto a aprender la lección. Ella toma su mano y la lleva a su cintura, del resto él se encargaría. Fueron largos minutos de una entrega total, de infrenables deseos que se volcaban en sus cuerpos. Por un instante se separaron y acostados en la arena Rafael pensaba qué seguía después de aquello.
-No, después de esto no “formalizaremos”, no pasará más de lo que hoy nos daremos el uno al otro. Así que no te mates pensando en qué decirme.
Rafael sentía que Roxana leía uno a uno sus pensamientos, y realmente estaba extasiado de que fuera así.

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